que peinaba a mi alma gemela sus largos
cabellos dorados, dejando sus ojos dormidos.
Conteniendo mis ganas de gritar al viento su
hermoso nombre, que torpeza la mía,
de esa forma creía ser mas hombre,
pues mi corazón nada mas que por ella latía
Corrió rauda a cobijarse bajo un enorme y
viejo árbol y bajo sus hojas consiguió taparse
pensando en protegerse y allí estar a salvo.
Observe rayos y escuche truenos,que arremetían
sin pausa y eso no era nada bueno.
Llame a mi amada, grite a los vientos pero
con los truenos era inútil, solo a ellos les oía.
Por fortuna para los dos, los cielos enmudecieron,
Y cuando me escucho mi amada sonriendo
me regalo un; Amor cuanto te quiero.
Juan María Martín.




