El señor oculto, como serpiente en su madriguera, como la sombra del destino, como si de un fantasma se tratara. Sigiloso vaga por las calles oscuras de los pueblos y ciudades. Al acecho de sus presas favoritas, Atemorizando a cualquier ser que ose pasear a altas horas de la noche por su elegida zona. Solo cuando persigue a su presa, camina con paso firme, acentuando el sonido de sus pisadas y golpeando la suela de sus zapatos a cada paso que avanza. Consciente de que sus presas se percatasen de su presencia en la mas absoluta soledad. Siempre actuaba sobre la misma hora, las 12 de la noche pero jamás había sido visto por ningún mortal, por lo contrario si lo percibían los animales de esta jungla llamada asfalto. Normalmente sus presas eran mujeres y hombres que buscaban saciar en las calles su sed de compañía. Cuentan por los lares que el señor oculto no tenia rostro, aunque no se sabe con firmeza pues nadie en décadas lo ha visto. Sus pasos se comienzan a escuchar cuando las victimas perciben poca confianza en si mismas y aceleran el paso por temor a imprevistos. volviendo la cabeza hacia atrás continuamente, alimentando así sus propios miedos que convierten en pesadillas. El señor oscuro lo sabe y solamente se limita a seguir a sus victimas hasta donde ellas quieran, su paciencia y su parsimonia lo hacen ser el depredador que es. Las victimas por el contrario se asustan del silencio, de las calles semi oscuras por las que deben de cruzar para llegar a sus destinos, huyendo del señor oscuro sin siquiera verlo. Basta una sombra para advertir de su presencia, motivo por el que muy a menudo las presas vuelven sobre sus pasos para acabar con la persecución a la que son sometidos. Buscan una puerta donde sentirse protegidos sin tener claro de que huyen, que les persigue o quien los acecha en las sombras de las gélidas noches urbanas. Una vez llegan a la puerta, raudos la abren, entran y cierran. Nunca caen en la cuenta de que al cerrar la puerta el silencio se hace mas profundo pues la soledad de las victimas jamás desaparece, y por lo contrario, caen en la trampa de saberse débiles sin encontrar una solución para sentirse protegidas. Cuenta la leyenda que el señor oscuro no tiene rostro, que tampoco es humano, ni siquiera es un alma vagando por las calles sin saber a donde ir. Se dice por estos lares que el señor oscuro solamente esta en la puerta de los silencios, donde acuden sus presas para esconder sus propios miedos y sus pecados terrenales, alimentándose de sus pesadillas y evitando su sed con las almas perdidas de sus victimas.
©Juan María Martin
