sábado, 29 de mayo de 2021

Historia de un inmigrante.

 

Deambulaba con talante serio. Camino de un no retorno hacia la mas absoluta soledad. Sin importarle las llamadas desesperadas por su nombre a sus espaldas. Cabizbajo, manos en los bolsillos y dando patadas a las pequeñas piedras del camino. Molesto y no correspondido por un destino que lo acechaba en cada esquina y que se auguraba imposible. Prefirió dejarse llevar por el destino, rindiéndose a sus pies, sin ni siquiera volver a intentar un retorno a sus orígenes confiado en tener una pizca de suerte en el futuro, suerte que le fue negada en sus raíces. Así paso el tiempo, pero con ese tiempo no llego la calma, no llego su tan ansiada paz interior por que le faltaba una pieza en ese rompecabezas que todavía estaba por construir, sin darse cuenta que las piezas que le faltaban eran tres para poder acabarlo. Estas piezas eran, el orgullo, la valentía y la seguridad en si mismo. Dependía totalmente de una sociedad marcada y con prisas en la que nunca se sintió valorado ni querido. En una sociedad que rechazaba cualquier atisbo de felicidad para con el, apartándole de una sociedad convulsa y problemática por naturaleza, adoctrinada por desalmados y tiranos que no permitían el acceso a quien no era igual que ellos. Llego el día en que su suerte cambio por completo. Le dieron la oportunidad de estudiar, consiguiendo su tan ansiado premio. Se convirtió en profesor, aprendió idiomas y resulto ser un interesante y prospero ciudadano en su nueva tierra. Daba clases a los nativos de su nuevo lugar de residencia, enseñando a los mas peques toda su sabiduría. Con el, los peques aprendieron lo que significaba el respeto hacia el prójimo que a el le negaron en su día, y con el paso de los años, esos niños ya mayores, aprendieron a respetar y a construir un mundo mas justo y equitativo para todos. Les enseño a respetar y no a agredir, a construir y no a destruir, a amar y no a odiar. Hoy en día este hombre sigue dando clases en un colegio, aportando lo que otros supre
macístas negaron a los alumnos, para así poder hacer una sociedad mas justa y equilibrada y seguramente ese hombre sera un ejemplo para todas esas personas que en su día se negaron a ayudarle y rechazaron su sabiduría.

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