domingo, 31 de enero de 2021
No somos lo que predicamos, somos lo que hacemos.
Hoy en día se cuestiona cualquier cosa que no este incluida en la rutina ejercida por la sociedad. No sabemos llevar a cabo actos diferentes del que nos marcan unos pocos, y que secundamos una gran mayoría. Actuamos como rebaño, cuando deberíamos de actuar como manada de lobos y luchar por nuestro futuro. Nos hemos acostumbrado a que los señoritos nos marquen el camino a seguir cuando ellos lo único que pretenden es sodomizarnos y mantenernos sumisos a sus mandatos y a sus recapacitadas y estudiadas normas para tenernos controlados. Alguien dijo hace décadas, que manteniendo a una parte de la sociedad contenta, esa parte se encargaría de controlar a la otra parte. Pues si, dio en el clavo por que realmente funcionamos así, a su antojo y sin poder abrir prácticamente la boca para reclamar nuestras libertades como ciudadanos. La civilización cambia a pasos agigantados pero también deberían de cambiar las formas en las que practicamos la empatía o lo que queda de ella. El odio tiene y mantiene muchas formas, desde el odio educativo hasta el odio supremacista que acecha desde hace décadas y que se piensan únicos, cuando solo son sectas destructivas e incoherentes que no desean nada mas que el poder y la barbarie dictatorial.
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